martes, 11 de febrero de 2014

Mi encuentro con... Luis XV.

No piensen que en mi declaración alegaré que llevo tres copas de vodka, o en el mejor de los casos me desayuné con algún etílico.

Cartas dirigidas a Luis XV. Buenos Aires, Archivo General de la Nación.
No es mi culpa que la cultura Occidental sea tan Nor-Euro-Céntrica si más de cuatro que leen esto en otras partes del mundo se caigan de ... cúbito dorsal si los anoticio que estos importantes personajes, sus ministros, Chavalliers du Chambre y demás, dejaron no sus nombres, sinó también sus documentos por aquí, o mejor dicho tirados  por allí para que terminaran aquí.

Pese al fino papel de arroz en que están escritos y la tinta se ha desperdigado por el papel, la letra es claramente legible y así Le Roi Louis XV, Choiseul, y hasta el último cortesano chupamedias han quedado atrapados no el palaciego ámbito que lo albergara en vida, sinó en una democrática y republicana carpeta de cartón atada con cordón negro, duerme en metálico estante de archivo protegidos por puertas metálicas que envidiarían en Fort Knox, junto con otros documentos de personas del estado llano de lugares que jamás soñó estar o  codearse él los suyos.

Mostrándole el edificio del archivo y probando que las fotos saliera bien con una amiga, nos llevamos 'la'' portátil de ella. La portátil hay que llevarla en carretilla por su peso y aunque  de muy buen ver por color y decoración, la batería anda tecleando, es decir muriendo. Solución: enchufarla con un adaptador. ¿Cuál? No uno cualquiera desde ya, mejor un cable de unos 10 mts. de largo que rescaté de en medio de una pintura general: a pintitas de látex, tierra como para plantar un bonsai o directamente mugre de obra, que espanta a cualquier mortal. No me quiero imaginar al Roi de ver que sus papeles con su nombre estaban al lado de ¡eso!

Ibamos bien con la fotografía y el chequeo pese el cable que otros investigadores debían esquivar para no caerse con un legajo y demás cuando nos llegó un mensaje. Trabajo urgente para mi amiga. Ningún dilema mortal ya que había Wi-Fi, el tema es que no podíamos cortar la investigación para ponernos a trabajar y requiería improvisar, Don Luis XV por muy muerto que estuviera... iba a tener que dar una manito.
Seguí sacando fotos de los reales papeles mientras mi amiga hacía una parte del trabajo que le sale bien a ella -a mí me saldrá bien en la próxima vida (si me convencen... eso está por verse)- modificando las imágenes un poco, corte del pelo incluído: rulo más o rulo menos a una personalidad del día de hoy, ¿quien va a notarlo? ¡ni la más fanática!. De imagen de fondo  una hermosa fusión de celeste agua con gotas incluídas, verde de la naturaleza, y llegó mi turno. Difuminadas entre estos iban parte de las  fotos tomadas a las tricentenarias cartas a Sa Majesté y toda su compañía que no necesitaban desenfoque por el mencionado estado de la tinta, y sobre eso las imágenes de las espirituales personalidades por donde más nos gustara.
Todo ello sin dejar de ocupar las dos todo un escritorio doble largo, sin hacer un desparramo de papeles del 1700 y ante la mirada de los empleados que veian como la Historia y la tecnología se daban la mano.

La siguiente vez que ví más cartas al ilustre monarca, me pregunté que pensaría quien  las escribió, en el tujes del mundo, en medio de la nada, a la cabeza de un grupo de excluídos, refugiado tras paredes de piedra del viento, el frío, a la luz de escasas velas, calentándose  hasta con la misma tierra que afortunadamente puede ser usada como combustible,  y contándole todo lo que pensaba hacer -y PENSABA EN GRANDE- para gloria de su Rey. Qué pensaría de verlos en mis manos después que sus sueños cayeran en saco roto porque el destinatario en su dorado palacio con los placeres de sus damas, no lo ayudó en nada en el proyecto
y lo dejó solo, devolviendo hasta las cartas que le escribieron.
Quizás, al escritor de las cartas le hayamos dado una pequeña vendetta: el otrora ilustre nombre en manos de dos 'Estado Llano' sobre una antigua mesa común, al lado de un equipo que funcionaba solo a través de un cable que parecía surgido de 1000 galernas, dejando su correspondencia a un costado mientras trabajabamos por unos mangos. Se me hace que al escritor de las misivas le dimos un alegrón de ver la correspondencia real, casi casi, al lado de la Biblia y el calefón.

Notas: Fotografías de las cartas dirigidas al monarca francés. Retoque digital de variación de color. En su gran mayoría son legibles.
La biblia y el calefón: frase del tango Cambalache, que alude al papel 'biblia' y el destino de estas. Las que regalaban los misioneros evangélicos en las decadas de mishiadura o miseria, eran directamente clavadas en la pared del baño,cerca de los primitivos calefones, con destino a papel sanitario.