miércoles, 12 de junio de 2013

Malvinas: Puerto Feliz ó La inquietante calma precedente.

Costa de las Islas: Isla Soledad.
(tambien disponible para ansiosos version XS en los comentarios)
La alegría del casorio más que salvaran todos los naufragos en la chalupa, Marta no necesita saber inglés para  comprender lo sucedido en las costas y de lo que han escapado, esas aguas heladas que se transforman en remolinos entre rocas afiladas como puñales, olas  altas como los arboles de su Selva africana azotan sin piedad los barcos y el aullido del viento parece el lamento de los ahogados llamándolos a unirse a su cofradía. 

Por cuatro días los africanos han trabajado en la nueva casa de ella y Gregorio  (1) , haciendo más refacciones: espacio para el almacén, divisiones con madera, trabajos con piedra y arcilla. No pueden quejarse, si la casa del Gobernador es la más grande, la  de su madrina es mediana y de tan buena factura como ésta, no hay dudas que dudará años, más que una vida. (2)
 Con Marta, Isabel y Petrona se han reido de las mudas interrogaciones.
- ¡Caminarse una legua de ida y otra de vuelta la italiana para dejarla con la duda!- Isabel disfruta la idea más que el té, en la nueva casa.
- La verdad, no sé que esperaba que le dijera. ¿Que confesara algún secreto?- la joven señora se sienta sobre una pila de enseres a su antojo, y  guiña un ojo. -¿Algo vergonzante?
- Algo que no le dijeras ni a tu madre.- aporta Petrona. - Puedo contarte algunas cosas mías por si vuelve pronto, así no se vá solo con el azúcar y unas telas.
- No será necesario. Estará muy entretenida pues Emilio tiene que ir a realizarle algunos trabajos con su gente, y quizás Don Luis también vaya. Y si los barcos van a cargar pescado, hasta barcos propios y gente de sobra para charlar no le van a faltar. Tendrá algo para contarnos ella. (3)
 También hay trabajo de sobra en la chalupa descargada para repararla, hacerla mas fuerte, colocarle velas... y cada vez que ve un barco o sabe de estos siente resquemor, pese a la protección que los dioses y entidades han asegurado por un período largo. Trabajo sobra: también los africanos construyen toda una hilera de 'ranchos' como llaman a las casas de tepes detrás de las casas de piedra que deberá servir de alojamiento a los naúfragos, al menos de momento.(B)
También le agrada que todos se sorprendan ahora ante su madrina, que sigue siendo la misma joven sencilla,  dispuesta más al canto que a la queja, y que tras su aspecto joven y femenino oculta como muchas un temple de león, pero  con casa propia y comercio, sea vista de forma distinta. No ha cambiado ella, sinó la mirada de los demás; dónde antes veian a la 'ama' o el personal de servicio de la casa del Gobernador, ahora tienen a una pequeña comerciante. La primera comerciante de las Islas, y algo que agrada mucho a los gauchos e indios, la primera en tener algo nacida en el país:  el tambo y  fabrica de manteca estará a cargo de los alemanes, el saladero de peces de los italianos, el capataz de los blancos o gauchos es francés, pero la almacenera es porteña.

Puerto Luis, dibujado por el Gobernador Luis Vernet.
El fuerte viento del NorOeste impulsa al "Maria Antonia" que rápidamente toma velocidad en su partida, quizás por esta y la lluvia o llovizna constante, saluda brevemente y desde tierra le responden de igual forma: dos cañonazos solamente. La piel de los naúfragos se eriza de pensar que parte rumbo a Statenland y el Estrecho en pleno invierno que para ellos equivale al infierno. Poder ver la partida desde su propia ventana, ver achicarse la imagen en la distancia y correr sobre esta el fino velo de lienzillo de la cortina....
Disfrutar del baile -pese al clima tempestuoso con vientos en todas direcciones que ha hecho un dia de perros de ese 8 de Agosto- como invitada, ocasión de fiesta general, pues hasta los africanos tienen su baile también, que caliente  el alma hasta el próximo candombe o jolgorio.
 La incredulidad con que  miró  al cascarón de la chalupa salvadora (4),  reforzada y reacondicionada, con mástil, vela y jarcia, se hace a la vela para Montevideo llevando la producción local para ese puerto, y tres días después -no entiende el temor de Marta por los barcos ahora- cuando una goleta del Norte, la Hope,  entra al puerto, y por la noche se anuncia a las trasnochadas el María Antonia ya de regreso del Sur. Isabel y Petrona la felicitan por sus palabras: Doña Mariquita tiene barco propio en su establecimiento pescadero, pues la goleta, han firmado una contrata para llevar pescado y carne salada, cueros a Bahía en el Brasil, un lugar que Antonio conoce y que le gustaría ir como hombre libre. Como para irse preparando, los africanos se están convirtiendo quizás no en expertos capitanes, pero si en expertos tripulantes de botes y balleneras hasta Long Island en expediciones de recolección de huevos, turba, ver como se crían los cerdos o gallinas; tareas que son un pretexto para darse el gusto de dominar el mar.

El festejo del 5 de septiembre será para recordar: baile y jolgorio formidables para todos, bailan  africanos, blancos, extranjeros de las tripulaciones, con el aporte de partituras que han dejado estos  como para hacer una fiesta memorable después del frío y el trabajo, de descargar navíos. El baile de los blancos transcurre con el piano, el aporte de algún violín de los naufragos de la goleta, los americanos de la Hope, los irlandeses de la Antonia, los alemanes y  sus acordeones o al piano que dejan descansar a  la Señora; Victoria que ha sacado a relucir su traje de bodas que brilla bajo los caireles, baila con Gregorio, y hasta con Emilio Vernet -ver para creer- el alemán parece tenerle alta estima pues le ha pedido permiso dos veces al marido para bailar con ella, y se le hace que los gringos de los capitanes se quedaron con ganas de pedirle una baile, pero ella entre danza y danza también canta, conversa con todos pero tiene ojos solo para su marido. Los africanos también bailan, disfrutan del jolgorio, de la protección prometida, y por un momento Martha se entrega a la dicha de bailar, de sentir, de estar junto a su Antonio, de una mínima certeza en su vida: Un tiempo de protección, de gracia, de saber que habrá un mañana igual o parecido a hoy, o quizás, tal vez mejor.

Ruinas de un puesto de estancia, Isla Soledad
Cuando el sol dibuja una línea sanguínea en el horizonte anunciando nuevo día y con  fuerte viento del Sudoeste por fin se hace a la vela la Hope. El amargo presentimiento de sangre que tuvo Marta mientras preparaba levaduras y masas de pan, se hizo realidad más tarde, cuando Oscar Pío y Juan, un colono alemán se batieron a duelo: pistola y fusil respectivamente.. Malditos hombres y sus celos; Pío celoso de los azules ojos de Elisa Haynes -la ama anterior, la  de los  tres candidatos que pedían su mano- furioso, desató un duelo que nadie pudo impedir, y hasta el hermano del Gobernador debe intermediar entre la ira  de éste diciendo que ambos están malheridos, pero no evitó la confiscación de las armas a los hombres.


Sin embargo, mientras entre ventas, y los datos de los buques arribados, trapacerías de algún tripulante entre tazas de té,no será ella quien hable mal de su predecesora en la casa principal. Mientras  el Gobernador y su esposa visitan el saladero de pescado - motivos comerciales- se ve que tan mal  no lo hirieron  a  Pío porque ... ¡hombre!  el 12 de Octubre se fugo al campo con Elisa -que dejó de pastorear las vacas para retozar un poco ella- dando el mal paso indisimulable por los días de ausencia y cuando volvieron ambos se negaron a casarse.  Su familia esta vez no sale bien parada y los otros dos candidatos que  pidieran su mano se alegran que no se la concedieran. 
La reacción oficial es una proclama de las normas a seguir por parte de los pobladores de Puerto Luis, pero más acapara la atención que un tripulante de la Hope que parece estar  como Pancho por su casa se halla robando una barrica de pólvora, los reclamos y devoluciones que solo pone paños fríos la llegada del María Antonia desde el infierno helado del Estrecho que entra saludando a cañonazo limpio. Más discretos, los yankees de la Colossus, una fragata de mal trato entre ellos mismos zarpan temprano, dejando en tierra a un hombre que ha desertado  y pide por favor ser aceptado en el pueblo. 
- ¿Así nomás, Misia?- pregunta Petrona muy seria.
- Victoria. - la corrige después de hacer el gesto de buscar a alguien entre los enseres que vende en su mayoría por cuenta del Gobernador. - El hombre desertó con lo puesto y menos aún, estaba muerto de frío. Parece que en ese barco no son tan amigables como la Hope que no quieren irse más de aquí.
- Vea, Misia Victoria - se ufana la destinada. - ¿Así que ahora somos un puerto deseado, concurrido, y no nos quieren dejar? Si en un año tenemos tres y hasta cuatro barcos a la vez, dentro de diez me imagino lo que será esto.
- Que te habrás casado y te dirán Misia Petrona.- vaticina la muchacha entre risas.


Con diversas excusas algunos alemanes que no estan a gusto ya han hecho su solicitud de regresar al Continente. Elisa Haynes tan deseada en matrimonio, subió al "María Antonia" sola, sin pretendientes o alguien que piense bien de ella, tan rebozada que ni se le veían los ojos, junto con su madre y su hermano parten definitivamente rumbo a Buenos Aires. .La  partida provoca pesar en muchos, lo fácil que se rinden, dejar atrás sueños. La Señora no disimula su pesar, a la desvergonzada mozita parecía tenerle estima y pese a prefererir a los extranjeros para cosas de importancia,  tuvo que llamar a una porteña sin temor al mar.  Victoria también se vé nostálgica ese 29 de Octubre, con 48 hs. a bordo los pasajeros, por fin con viento favorable del Noroeste el  bergantín "dá vela" rumbo al  al Continente. Disparó dos recios cañonazos mientras iba ganando buena velocidad, desde tierra saludaron sombrero al viento después de la salva de de rigor. Esta vez no brincaron los cañones, sinó emitieron un rugido que parecía provenir de las entrañas de la Tierra: aquí estoy, no me olvides, regresa, y el humo que parte en persecución del navío impregnandolo como inmaterial polizón y donde a popa la bandera azotada por el viento se estira como una mano. El gesto en que se rompió su rostro  en ese momento no le fué desapercibido a la joven comerciante.

El año se desandó en más entradas de buques, algunos de los cuales celebraban tratos de compra de productos, y hasta contratados partían al Estrecho en su misión de contactar en buenos términos a los indios de la región para parlamentar con ellos, e invitarlos a la naciente Capital isleña, que cada tanto deja ver dos ó tres navios en el puerto. Se construyen más casas, mientras otra atípica Navidad con lluvia y viento se sucede nuevamente, sin campanas, letanías. Si algo era lo que se disfrutaba, era precisamene ese aire de extraña libertad, de no tener que rezar la oración, el Ángelus o el toque de Ánimas: cada cual le reza al Dios o Dioses que cree como quiere, y también la sensación extraña y mágica a la vez de vivir un tiempo sin tiempo, sin festividades obligatorias de guardar, un tiempo contínuo, circular, perfecto...
- Cada vez que vuelvo del campo con Emilio, no sé si entré a mi casa o estoy en la principal, mi paloma.- la halaga Gregorio. Es que lejos de la imaginería habitual en la ciudad, de pronto han brotado en las paredes pinturas de lejanas ciudades que ha intercambiado con marinos, las cortinas de lienzillo cada vez mas festoneadas, las paredes blanqueadas inmaculadas. El plato que se horneará en el horno que cuentan todas las casas ya lo había preparado, y hasta adobado Gregorio al uso de su Santiago y fué alabado por los comensales en la reunión de esa Nochebuena, que trajo de regalo de Navidad otro navío al puerto.

 Los viajeros ingleses se sorprendieron del tour que les hace la máxima autoridad, que les presenta  su establecimiento, los llevó a visitar un almacén y de paso a  una de las vecinas a la que presenta muy especialmente, y puede entender el mudo asombro de los ingleses ante una almacenera, que mal pronunciado es cierto, los saluda en su idioma. Mal que bien, algo ha aprendido, palabras similares en ambos idiomas que llevaron a otras y mínimas frases, un saludo. Los extranjeros miran todo como si nunca hubieran visto un almacén de ramos generales -como ni nunca hubieran caído tan bajo se dice- el techo que debieran rehacer despues de una ventolera monumental por ejemplo y promete que esa noche asistirá al baile. Si esperaban encontrar un desierto, una guarida de bucaneros pasados de moda, o toscos pescadores, se  quedan con la boca abierta al ver el poblado, que en la noche en medio del Océano,  al final de una larga bahía concurren todos los vecinos engalanados, ven llegar a la joven del almacén con su marido con un ¿pasado de moda? vestido de seda. La esposa del gobernador les causa impresión por española, aunque debería decir oriental, tan acostumbrada al lugar,  con los  libros, sus cartas, sus relatos, la música que toca y canta, y hasta llama a la comerciante  para cantar , el baile que surge espontáneo en el salón entre las parejas,  e invitan a Isabel y a Petrona, damas solas. 
Como la estela que dejan los navíos, inscriben su huella en la historia, y cada amanecer trae un nuevo desafío y también la amenaza de las negras nubes de tormenta que solo ven los africanos.
 
Notas:
(1) 9, 10 y 11 de Junio, 17 de Junio.
(2) Las ruinas de la casa de Victoria Enriques y Gregorio Sanchez, aún permanecen parte en pié en Puerto Luis. Incluso se confundieron en su momento con la iglesia española, la cual no era de piedra sinó de tepes o ladrillos de turba.
(3) Una legua al Norte de Puerto Luis, los mercantes iban a cargar el pescado salado directamente el establecimiento, trasladandose hasta las autoridades al lugar.
(4) 26 de Agosto de 1830.
El período de esta parte abarca desde el 30 de mayo de 1830 hasta el verano de 1831. El período garantizado a los africanos, durará un poco más.
(B) Fuentes principales ya citadas.



viernes, 31 de mayo de 2013

Hasta los Gobernadores hablan de amor.

Detalle del acta: hasta el Gobernador habla de amor...
Marta  despertó más asustada que cuando fué cazada, el corazon batiendo como un atabaque en el pecho. En silencio en medio de la noche que hasta el viento teme quebrar, se pone consultar sus piedras. Su grito despierta a Antonio, al vendaval que aulla afuera, y él debe acallar sus gemidos, su llanto convulso, su temblor enfebrecido. Mira las piedras; conoce su significado, pero no sabe que ha visto ella que llora sin consuelo hasta que se hace de día. 
- Eu ví, dices, eu ví,- mezcla el portugues y el castellano - ¿que viste?
- Gente. Seres escupidos por el Infierno.- responde Marta en su idioma natal.

 Pasa la mano por la pared, tocando como un sueño lo que será su casa, su propia casa. Observa las paredes de calicanto, de piedra, el techo de madera, el lugar que ha sido cuidadosamente limpiado y que aún necesita más refacciones.  Los enseres que le han llegando, porque sin darse cuenta ha ido armando su hogar, sin pensarlo ¿o acaso algo que en el fondo ya sabía? Aprovechando que la familia  ha salido en el bote del Capitan Myers -cuyo barco está surto en el puerto- para  a ver de cerca una extraña criatura: ballena muerta que ha quedado varada, y ella -que no soporta ver la muerte en cualquier  forma- con la excusa del frio se ha quedado con la más pequeñita, y aprovecha para alistar lo que será su hogar, lo que hay que arreglar aún junto a Gregorio.
- ¿Que opinas, Malvina?- pregunta a la niña, a quien nadie llama Matilde, envuelta en puntillas y mantas, estrenando la nueva casa cómodamente acostada - ¿Te gusta este señor para que se case conmigo? Sinó te gusta, me quedo contigo toda la vida.- Le dice haciendole mohines. Emite un ruidito la niña como asintiendo y Gregorio la enlaza por el talle, recrea uno de sus rizos en sus manos.  Matilde Malvina sigue haciendo soniditos.- Ya está bien Malvina, parece los barcos que nos aturdieron a cañonazos hace algunas noches. 
- Esos fueron unos franceses y norteamericanos - le informa - se estaban ajustando cuentas entre ellos.
- Al menos podrían hacerlo más lejos, para dejar dormir a los niños. Por suerte no entró ninguno con daños o heridos.- se friega las manos en el delantal y mira el espacio que invita a ser llenado.- Espero que pronto llegue el Betsey.- Gregorio ha visto la lista que le escribieran de cosas que ha mandado pedir al Continente,  y pensó que no quedaria lugar en el barco para  nada más y menos para los insumos de campo que pidiera.
- Vas a tener que comprarte tu propio barco, mi paloma.- y Malvina asiente con sus ruiditos.

Cuando a través de los cristales ven un barco entrar en la bahía bajo un cielo que es una manta de nubes grises que anuncian lluvia, ya se llevan de su juicio que no es el Betsey,  pero este viene con  'Bandera Nacional' flamenado al viento NorOeste (1)  y  sus palabras casi se superponen a los cuatro cañonazos de saludo del buque.  Como los veteranos artilleros de Napoleón, los paisanos se alistan y responden en un santiamén jugándose apuestas entre ellos a ver quien lo hacía más rápido ó mejor. Arrebujados en capas, capotes, rebozos, sombreros, los pobladores desafían el frío. La Señora, los niños, todos van a ver que barco  viene. El Alerta o la Tiburtina, se juega la Señora por alguno de los barcos de su marido; sin embargo el navío que entra a puerto sin mucha gracia ni elegancia como buscando consuelo y refugio no es ninguno de estos dos, y  presenta su capitan el Sr. Broks  al 'María Antonia', cambio con el que los vecinos parecen disfrutar.
Entre el avituallamiento en sus bodegas llegan sus enseres. Una vez a bordo alla por Diciembre, Loreto encontró sus modestos pedidos, ni lerdo ni peresozo el galán envió mas de la cuenta y siguen llegando. Ya verá este Loreto cuando regrese del Brasil donde ha ido con las exportaciones de tasajo y el pescado salado, piensa mientras los acomoda en su casa junto con  Isabel  y Petrona -otra destinada (3)- que por un momento tambien sueñan. La envidia que despertó el bonito corte de tela de regalo  que estimaban no podía aceptarlo, y que al final no solo aceptó sinó que terminó en vestido.Tantos sueños. El  hogar: el lugar para el almacén donde no solo se venderán desde avíos para barcos hasta paños y comestibles, sinó que se disfrute de un té o un trato, se cuenten historias, se hile  la amistad como intricado nudo; un lugar donde se harán realidad sus sueños, donde el hogar dará calor  entre las paredes y al alma,  los muebles le pondrán cuerpo a la trama de la vida, el lecho donde tejer nuevos sueños, formar una familia, niños que la llamen por su nombre o 'mamá'.
Había pensado que nunca sería feliz, y ahora acaricia la piedra que le dará cobijo; pese que a no ha visto mucho a Gregorio pues hay trabajo de sobra en los campos, con arreos, faena y salado de carnes, complicado por el clima y has heladas que atraviesan hasta los huesos, se siente feliz.

Trabajo hay para todos, piensa Marta. Hasta su Antonio salio con el Tonelero a realizar reparaciones al buque recién llegado,  al parecer las necesita de inmediato causa de  su poca prestancia al llegar y más considerando que la nave tiene como destino aguas complicadas rumbo al Estrecho y entre otras cosas, ver si encuentra a esos benditos loberos  que andaban metidos en todo y de los que nada se sabe.(C)
 El 25 de mayo, Fiesta Patria, hace un frio de infernal,  la lluvia azota por momentos como látigos de hielo, y hasta el Maria Antonia pese al ancla y las amarras baila al son que le impone el viento que ha rolado mas de cuatro veces; sin embargo todo el pueblo, abrigados al extremo, se reunen para izar el Pabellón Nacional, escuchar al Gobernador que los felicita, y con las apuestas ya hechas de antemano, se suceden con rítmica precisión las veintiún salvas que compiten con la borrasca del mar. Circula el mate, y con más frecuencia el té de Lucén por el frío y todos esperan ver las carreras del día, los juegos de sortija y destreza. Guillermo Dickson creía tenerlo fácil, no contó con un enamorado dispuesto a arriesgar el pellejo para impresionar a su novia, que lo pasa más rápido que el viento como si su flete (2) estuviera empantanado en el terreno, y le gana en todo,  cualquier cosa por el premio de un beso de  su novia. A la noche todos se preparan  para el baile los blancos al compás de su música lenta y los africanos para el candombe, donde reforzará con su entidad, la protección pedida contra los seres que soñó.

No será ni su madre ni hermana las que se encarguen del ritual,  Marta, Dorotea, y hasta la sutil presencia de Gregoria y Julia que se cuelan, estas muchachas que no superan los 18 años serán (A)quienes se encarguen de preparla. Despierta en el lecho, las manos de ebano  la tocan, la llaman al mundo de manera propicia. Reanimada por un rotundo chocolate caliente y bizcochos recién hechos, sacan a la novia del lecho, y al lado del caño de la chimenea -el sitio más cálido de su habitación- le quitan la camisa de dormir, para lo que le será una ceremonia con tintes de ritual . Con paños perfumados y tibios frotan su piel por completo, algo a lo que la muchacha se entrega sabiendo que está en manos expertas. Marta toma unas gotas de miel disueltas en perfume y le pone un toque en la coronilla, en la garganta, los codos, las rodillas. Son -sin que ellas lo sepan- los mismos puntos que ungen a un Rey a punto de ser coronado,  igual que en los bautismos de los niños, confiada a la protección de los Dioses y seres de Luz para alejar sus temores. Termina de ungirla y apoya su frente contra la de ella por un instante eterno. "Vik tor iia" dice en voz baja, como un ruego, y se le escapa lo que susurra en su idioma, sopla por encima de su cabeza y suelta su cráneo de la jaula  de sus manos. Recién entonces le calzan su camisa nueva de friza, se sienta y  estira sus piernas para que le pasen calzones de friza, le calzan  sus medias dobles, pasan por la cabeza más camisas que ceñirá el corsé minimamente ajustado. Es su día y no debe hacer nada, hasta de lo más trivial se encargan ellas con un clima de alegría y misticismo. Se disponen a peinar su pelo como han visto en algo que la Señora jura es nuevo que le enviara su hermano. Revistas de figurines, modelos para vestidos y peinados,  de dónde ya han elegido el indicado. Sobre la cama descansa el vestido, cosido puntada a puntada entre tazas de té y consejos, con la tela de Loreto. Envuelta en un mantón mientras escucha preparativos similares en el dormitorio principal, deja que las manos hábiles, manos de caoba, selva y seda, den forma a su pelo, lo sujeten con las irritantes horquillas mientras comparan el resultado con el dibujo...

No es forma de distraer así a una novia, por poco  hacerla salir en enaguas,  pero el grito ¡Naúfragos! resuena en el aire de la bahía. Corren a dar la voz, los gritos se multiplican,  interrumpidos los preparativos  se dan las órdenes: el  cañón dispara haciéndoles saber que los han visto, una chalupa que parece salida de las entrañas de Neptuno entrando por la bahía a tientas y ciegas; los hombres del pueblo a medio vestir se lanzan a los botes para ir en su ayuda, reman con ahinco aún cuando se manchen la camisa puesta para la fiesta desde temprano ó se mojen . Las navecitas se inclinan, las proas cortan el agua con ansias de devorar la distancia  que los separa de los infortunados: manos huesudas que se agitan heladas en el aire clamando por ayuda de un lado mirando fijo aquella señal que recordaran durante meses en medio de la nada del Oceáno: el mastil con la bandera a tope ondeando, su señal de salvación; los musculos tensos y los remos arqueados por la tensión de la fuerza de los músculos, algún grito de aliento del otro lado hasta que como una serpentina de festejo surca el aire la primera espía que llega a la desvencijada chalupa y al enganchar la segunda, viran  y ayudan a la embarcacion a llegar hasta el muelle donde los helados sobrevivientes miran a la gente enfiestada o en esos trámites. 
Frente del Acta Original de matrimonio.
Exhaustos, famélicos, sucios, muertos de frío,  después de naufragar antes de llegar a destino, no ver un barco a la vista, trabajando como demonios durante semanas para construir una chalupa, se jugaron la vida a cara o cruz en una travesía de pesadilla que les  llevaría meses huyendo del frío, de la nada, con solo unos tablones separandolos de la eternidad, los naufragos de la goleta (C) se enteran que en su desconocimiento de esos mares, y de la ruta que siguen los mercantes hasta Stantenland y el Estrecho han debido hacer el trayecto en absoluta soledad y desamparo, o esperar que el navio que ven en el muelle fuera  en su busqueda. Y un dilema moral: quien atiende a ellos y quien, el evento del dia. Emilio maldice, el día anterior habia avistado el bote -perdidos como siempre- en Johnson's Harbour y pensó que sería  alguno de sus botes, ó del bergantín que van entre la estancia, el saladero o las loberías cortando camino a la boda, y no dándole importancia siguío escribiendo su diario o indicando que ropas aprestar.  Por eso y por hablar el idioma se compromete a quedarse con ellos, escuchar sus declaraciones, como es que se han salvado todos.  Un primer trago calienta los cuerpos ateridos, siendo recibidos, alimentados y en poco tiempo acicalados, vuelan las camisas prestadas, las afeitadas de apuro, los cortes de pelo, son  puestos presentables, pues con mucho criterio escénico han puesto la nota dramática en dia de fiesta, y el casamentero  echa humo por las orejas al tener que  perderse la ceremonia. También la Señora en representación de su marido que debe oficiar el acto, se despide de la señorita Enriques que se ve privada de madrina. Debe elegir rápido, le gustaría que fuera Marta pero consciente de la imposibilidad esta agacha la cabeza y sigue a su Señora con las vituallas médicas, más té, comida, vendas; mientras la novia en un rapto de nacionalista rebeldía descarta a las gringas y decide que ésta sea la oriental Isabel Ibarguren.

A las once de la mañana, Victoria, seguida por Isabel, baja de su cuarto de los altos por última vez arrastrando el vestido tras de sí como quien deja estela de su paso, un manto que cubre  su traje de seda  agradecida de la moda de las ocho enaguas -bien podrían ser nueve- sobre las  prendas de abrigo y aún mayor sorpresa: un sombrero en su cabeza, a la inglesa. Nada de peineta o mantilla que se las lleve el viento. No hay flores para llevar en sus manos, sostiene un ramillete de flores de seda quitadas al sombrero y un abanico. No hay segunda sin primera dicen los paisanos, y con el tañido del reloj, toma aire, y tal como Marta camina los pasos que la separan del despacho de Gobierno y su nueva vida. ¡Se va la segunda! dirán los gauchos. La segunda desobediente del país, una blanca y cristiana por añadidura, que va en marcha para desafiar  siglos de preceptos y que deja a Dios clavado en su sitio para casarse.
Dorso del acta original.
Nadie reconoce a Gregorio, afeitado y con el cabello corto, vestido de chaqueta, chaleco,  camisa blanca -todo confección local-  seguido de Juan Pío Ortiz, su padrino y los testigos: Agustino Grassi, el italiano del saladero de pescados y Guillermo Dickson, irlandés y cuidador del almacén de la estancia. Sin embargo esta vez, ausente el galante Loreto, con Emilio escuchando el naufragio y la odisea de la travesía, la  segunda novia civil tiene como madrina a una destinada (3), y fuera de la del Gobernador no habrá ninguna firma importante en su acta, pero ello no le quita su sonrisa de cuadro.
Isabel la ayuda a despojarse de lo que parece un manto pero es una capa, y radiante como la seda, la joven toma la mano de  su marido. El Gobernador la mira un instante ¿Siempre fué así? ¿Esa es Victoria? Saluda a los presentes y sus ojos oscuros se centran en Gregorio al que conoce de tantos años; esta vez la ceremonia es más emotiva, larga y formal que la de Marta. Empieza por el joven, le pregunta su nombre -Gregorio Sánchez-, su edad - 28 años-, su país -Santiago del Estero-, si está o ha estado comprometido con alguien previamente-no-. ¿Ha estado o está casado? No. ¿Hay algún impedimento que conozca para casarse? No., y finalmente todos contienen el aliento ante la pregunta más formal de todas:
- ¿Quiere a Victoria Enriques por su  legítima esposa, para tratarla bien, mantenerla, cuidarla,  para amarla, como tal,  mientras viva?
- Sí, señor- con mi vida se lo juro, agregaria pero está fuera de lugar mientras la pluma vuela en manos gubernamentales, se equivoca, tacha y sigue con el resto de las preguntas, antes de pasar a la dama:
- ¿Su nombre?- Victoria Enriques - ¿Su edad?- 23 años- ¿Cuál es su país?- Buenos Aires- ¿Ha estado casada o comprometida con alguien?- Quizás debería aclarar que esté vivo, pero rápidamente le responde ella que no.
- ¿Quiere a Gregorio Sanchez por esposo, para cuidarlo, para obedecerlo, para amarlo,  como así tambien para ayudarlo en la manutención de la casa por el resto de su vida?- los ojos de la máxima Autoridad Civil y Militar de las Islas quedan fijos en los ojos brillantes como diamantes de la joven, sin comprender que hacen allí esas lágrimas: 
Por los cristales  de las ventanas del despacho  vé la chalupa en que un puñado de desesperados se aferró con uñas y dientes a la vida, a alcanzar lo que fué su fin del mundo, su Purgatorio personal, y que ahora es su Comienzo y Paraíso. Contiene la respiración un instante, se queda sin aire el gobernador pluma en mano, se lleva el pañuelo a los ojos Isabel, hasta el italiano del saladero siente cuán largo puede ser un segundo.
- Sí, Señor.- responde con firmeza, y las pestañas se encargan de alejar las olas de  tormenta del mar de sus ojos, cuando por un tris el Gobernador ha estado a punto de preguntar "¿Estás segura, Victoria?". Sin embargo a las siguientes preguntas relativas a sacralizar el matrimonio por Iglesia en la primera ocasión, como en la educación de sus hijos en la religión católica, su voz responde con seguridad: Sí.
Con alivio, Luis Vernet los declara marido y mujer, asegurándoles que les entregara a cada uno una copia del acta que escribio a toda velocidad, sin el auxilio de un escribiente siquiera, y donde van a firmar los testigos.

Con la mezcla de las emociones por la doble alegria,  entre abrazos firman donde quede lugar en el papel; Victoria no se anima a tocar la pluma y cede su lugar a Dickson que firmará por las dos mujeres y entre tanta exitación a la Autoridad apenas si le queda el borde del papel para escribir su cargo abreviado al máximo y su nombre sin ningún adorno,  quizás  más apurado en rozar la frente de la novia con un beso.
Arropada en la capa, sale del brazo de su marido al jardín de las dependencias y residencia gubernamental, Isabel pañuelo en mano  aún llorando, Guillermo y el rubicundo italiano; el Gobernador que muestra brevemente el papel con el acta, mientras los alemanes acordeón o violín en mano empiezan a tocar un lied para la pareja..
Abre Marta las puertas que dan a la casa, no a las oficinas de Gobierno donde se ofició la ceremonia. Reluce la araña de caireles a la que manos africanas han sacado brillo, recibe la Señora a la Señora Sánchez, circulan las bandejas de delicias locales, la vajilla fina mezclada con los vasos de peltre y platos de loza o cerámica, brillan los dientes en la cara de Marta aunque los naúfragos, famelicamente flacos, pero prestadamente empilchados también están de fiesta por partida doble y puedan devorar hasta la bandeja. La novia va a cantar sola, a dúo, los alemanes tocan un lied para que se luzca con su esposo, una pieza distinta -en Europa no goza de buena fama- pero ante los ojos de todos lucen su felicidad, y hasta su ascenso social. Brillan las ropas nuevas, ondea la seda del vestido reflejando brillos opalescentes. No gozará de buena fama en sus tierras pero sus acordes cadenciosos y la forma de bailarse girando sobre sí mismos evoca esa  rueda llamada vida, o aquella única cosa que no puede comprar el hombre: lo único sin precio, dueño, señor de y con todo a favor: el atrapado tiempo en los redondos relojes como el que pende en la pared.
Copia de la Comandancia de Malvinas del Acta de Matrimonio de Victoria y Gregorio.

Notas & Ilustraciones: Acta original (y estado en que se encuentra) del casamiento de Victoria Enriques y Gregorio Sanches. Por muchos años, se pensó que este había sido el primer matrimonio civil del país, al darse por "perdida" el Acta anterior (Ver: Malvinas III: Primeras desobedientes). En realidad, es el segundo y preceden en muchos años al que la historia oficial considera el primero, solo porque se trata de rubios colonos alemanes. Cuadro modificado digitalmente, con un traje sencillo  de la época.
(1) 30 de Abril de 1830.
(2) Flete: Así llamaban los gauchos a los caballos que montaban.
(3) Las 'destinadas' como se las empezó a llamar en la época, eran mujeres deportadas, por distintos motivos, delitos leves, desobediencia al marido, escapar de estos o ejercicio de la prostitución. En determinadas épocas, que una mujer se encontrara sola en la calle a ciertas horas, ya fuera en busqueda de un médico o curandera, la hacía ipso facto sospechosa de ilícito comercio. Tanto Isabel como Petrona, han sido desterradas de Montevideo de por vida, no pudiendo volver por ningún motivo a pisar el Continente.
(4) Con una gran cantidad de trabajo con la llegada de los naufragos que generó un pandemonium en la población,  las fecha queda en la duda.  La fuente mas fiable, es el diario de Emilio Vernet, que documentaba hasta la direccion del viento. Según Emilio, Victoria y Gregorio se casaron el 30 de mayo de 1830; no oficio de escribiente como en el caso de Marta, debiendo hacer todo: oficiar el acto y levantar el acta el Gobernador, de ahi la desprolijidad del texto. La copia de los contrayentes o del registro oficial, en cambio esta en perfecto estado de conservación.
(A) Desde 1826 en un intento de burlar las leyes contra la trata de seres humanos, los esclavistas brasileños establecieron el rotulo de 'colonos libres' a los africanos que capturaran, los cuales siempre debian ser menores de 16 años. Ya comenté que entre las contratas al agente de presas en Carmen de Patagones que liberó a los cautivos del iróncamente llamado tumberiro Buen Jesús, había una niñita de 5 años.
(C) La historia de la goleta con los yankees 'figuretis' saldra en breve publicada, o eso creo.

sábado, 18 de mayo de 2013

V. Malvinas. La duda y el alma.

Aquí estuvo publicado el quinto capitulo de la  historia de Malvinas. "La duda y el alma", correspondiente a los años 1829/1830. La vida cotidiana, la relación con los trabajadores, y el marco social aun en el fin del mundo.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Aqui estuvo: Malvinas IV. La rueda de la vida.

Casa del Gobernador en Puerto Luis óleo de Luis Vernet.
Correspondía a la cuarta parte de la historia. LA RUEDA DE LA VIDA.


Blancos -rioplatenses ó extranjeros- y africanos se hermanan ante los hechos de la vida: el nacimiento y la muerte, cada cual con sus ritos y creencias en cada caso.

domingo, 21 de abril de 2013

III. Malvinas. Primeras desobedientes.(o hasta los Gobernadores hablan de amor)

Aquí estuvo publicada la tercera parte. 
Malvinas III. Primeras desobedientes. Quizás una de las partes más interesantes pues correspondío  a la desclasificación del primer matrimonio civil del país, junto con los documentos de tal hecho que se daban por perdidos, con lo cual dos personas sistemáticamente negadas por siglos, recuperaron su lugar en la historia.

sábado, 20 de abril de 2013

Abrir fuego.

Bueno, hasta hoy he venido con santa calma. Y sin apartarme un punto de los registros históricos, es más, ciñendome más que nunca a ellos, mañana es hora de abrir fuego y sacar a la luz lo que ha estado escondido siglos. 
El que quiera conocer que conozca. Bienvenidos a las verdaderas Islas Malvinas.

viernes, 12 de abril de 2013

II. Malvinas. Damas en medio del Atlantico.


Mapa de la época de una de las Islas.
Aquí estuvo publicada la segunda parte.
Malvinas II. Damas en medio del Atlántico.

Marta por su lado y Victoria por otro, viven en carne propia la epopeya de los pioneros. Victoria consigue su primer ascenso social y Marta su reconocimiento en el amor.