(tambien disponible para ansiosos version XS en los comentarios)
La alegría del casorio más que salvaran todos los naufragos en la chalupa, Marta no necesita saber inglés para comprender lo sucedido en las costas y de lo que han escapado, esas aguas heladas que se transforman en remolinos entre rocas afiladas como puñales, olas altas como los arboles de su Selva africana azotan sin piedad los barcos y el aullido del viento parece el lamento de los ahogados llamándolos a unirse a su cofradía.
Por cuatro días los africanos han trabajado en la nueva casa de ella y Gregorio (1) , haciendo más refacciones: espacio para el almacén, divisiones con madera, trabajos con piedra y arcilla. No pueden quejarse, si la casa del Gobernador es la más grande, la de su madrina es mediana y de tan buena factura como ésta, no hay dudas que dudará años, más que una vida. (2)
Con Marta, Isabel y Petrona se han reido de las mudas interrogaciones.
- ¡Caminarse una legua de ida y otra de vuelta la italiana para dejarla con la duda!- Isabel disfruta la idea más que el té, en la nueva casa.
- La verdad, no sé que esperaba que le dijera. ¿Que confesara algún secreto?- la joven señora se sienta sobre una pila de enseres a su antojo, y guiña un ojo. -¿Algo vergonzante?
- Algo que no le dijeras ni a tu madre.- aporta Petrona. - Puedo contarte algunas cosas mías por si vuelve pronto, así no se vá solo con el azúcar y unas telas.
- No será necesario. Estará muy entretenida pues Emilio tiene que ir a realizarle algunos trabajos con su gente, y quizás Don Luis también vaya. Y si los barcos van a cargar pescado, hasta barcos propios y gente de sobra para charlar no le van a faltar. Tendrá algo para contarnos ella. (3)
También hay trabajo de sobra en la chalupa descargada para repararla, hacerla mas fuerte, colocarle velas... y cada vez que ve un barco o sabe de estos siente resquemor, pese a la protección que los dioses y entidades han asegurado por un período largo. Trabajo sobra: también los africanos construyen toda una hilera de 'ranchos' como llaman a las casas de tepes detrás de las casas de piedra que deberá servir de alojamiento a los naúfragos, al menos de momento.(B)
También le agrada que todos se sorprendan ahora ante su madrina, que sigue siendo la misma joven sencilla, dispuesta más al canto que a la queja, y que tras su aspecto joven y femenino oculta como muchas un temple de león, pero con casa propia y comercio, sea vista de forma distinta. No ha cambiado ella, sinó la mirada de los demás; dónde antes veian a la 'ama' o el personal de servicio de la casa del Gobernador, ahora tienen a una pequeña comerciante. La primera comerciante de las Islas, y algo que agrada mucho a los gauchos e indios, la primera en tener algo nacida en el país: el tambo y fabrica de manteca estará a cargo de los alemanes, el saladero de peces de los italianos, el capataz de los blancos o gauchos es francés, pero la almacenera es porteña.
El fuerte viento del NorOeste impulsa al "Maria Antonia" que rápidamente toma velocidad en su partida, quizás por esta y la lluvia o llovizna constante, saluda brevemente y desde tierra le responden de igual forma: dos cañonazos solamente. La piel de los naúfragos se eriza de pensar que parte rumbo a Statenland y el Estrecho en pleno invierno que para ellos equivale al infierno. Poder ver la partida desde su propia ventana, ver achicarse la imagen en la distancia y correr sobre esta el fino velo de lienzillo de la cortina....
Disfrutar del baile -pese al clima tempestuoso con vientos en todas direcciones que ha hecho un dia de perros de ese 8 de Agosto- como invitada, ocasión de fiesta general, pues hasta los africanos tienen su baile también, que caliente el alma hasta el próximo candombe o jolgorio.
La incredulidad con que miró al cascarón de la chalupa salvadora (4), reforzada y reacondicionada, con mástil, vela y jarcia, se hace a la vela para Montevideo llevando la producción local para ese puerto, y tres días después -no entiende el temor de Marta por los barcos ahora- cuando una goleta del Norte, la Hope, entra al puerto, y por la noche se anuncia a las trasnochadas el María Antonia ya de regreso del Sur. Isabel y Petrona la felicitan por sus palabras: Doña Mariquita tiene barco propio en su establecimiento pescadero, pues la goleta, han firmado una contrata para llevar pescado y carne salada, cueros a Bahía en el Brasil, un lugar que Antonio conoce y que le gustaría ir como hombre libre. Como para irse preparando, los africanos se están convirtiendo quizás no en expertos capitanes, pero si en expertos tripulantes de botes y balleneras hasta Long Island en expediciones de recolección de huevos, turba, ver como se crían los cerdos o gallinas; tareas que son un pretexto para darse el gusto de dominar el mar.
El festejo del 5 de septiembre será para recordar: baile y jolgorio formidables para todos, bailan africanos, blancos, extranjeros de las tripulaciones, con el aporte de partituras que han dejado estos como para hacer una fiesta memorable después del frío y el trabajo, de descargar navíos. El baile de los blancos transcurre con el piano, el aporte de algún violín de los naufragos de la goleta, los americanos de la Hope, los irlandeses de la Antonia, los alemanes y sus acordeones o al piano que dejan descansar a la Señora; Victoria que ha sacado a relucir su traje de bodas que brilla bajo los caireles, baila con Gregorio, y hasta con Emilio Vernet -ver para creer- el alemán parece tenerle alta estima pues le ha pedido permiso dos veces al marido para bailar con ella, y se le hace que los gringos de los capitanes se quedaron con ganas de pedirle una baile, pero ella entre danza y danza también canta, conversa con todos pero tiene ojos solo para su marido. Los africanos también bailan, disfrutan del jolgorio, de la protección prometida, y por un momento Martha se entrega a la dicha de bailar, de sentir, de estar junto a su Antonio, de una mínima certeza en su vida: Un tiempo de protección, de gracia, de saber que habrá un mañana igual o parecido a hoy, o quizás, tal vez mejor.
Cuando el sol dibuja una línea sanguínea en el horizonte anunciando nuevo día y con fuerte viento del Sudoeste por fin se hace a la vela la Hope. El amargo presentimiento de sangre que tuvo Marta mientras preparaba levaduras y masas de pan, se hizo realidad más tarde, cuando Oscar Pío y Juan, un colono alemán se batieron a duelo: pistola y fusil respectivamente.. Malditos hombres y sus celos; Pío celoso de los azules ojos de Elisa Haynes -la ama anterior, la de los tres candidatos que pedían su mano- furioso, desató un duelo que nadie pudo impedir, y hasta el hermano del Gobernador debe intermediar entre la ira de éste diciendo que ambos están malheridos, pero no evitó la confiscación de las armas a los hombres.
Sin embargo, mientras entre ventas, y los datos de los buques arribados, trapacerías de algún tripulante entre tazas de té,no será ella quien hable mal de su predecesora en la casa principal. Mientras el Gobernador y su esposa visitan el saladero de pescado - motivos comerciales- se ve que tan mal no lo hirieron a Pío porque ... ¡hombre! el 12 de Octubre se fugo al campo con Elisa -que dejó de pastorear las vacas para retozar un poco ella- dando el mal paso indisimulable por los días de ausencia y cuando volvieron ambos se negaron a casarse. Su familia esta vez no sale bien parada y los otros dos candidatos que pidieran su mano se alegran que no se la concedieran.
La reacción oficial es una proclama de las normas a seguir por parte de los pobladores de Puerto Luis, pero más acapara la atención que un tripulante de la Hope que parece estar como Pancho por su casa se halla robando una barrica de pólvora, los reclamos y devoluciones que solo pone paños fríos la llegada del María Antonia desde el infierno helado del Estrecho que entra saludando a cañonazo limpio. Más discretos, los yankees de la Colossus, una fragata de mal trato entre ellos mismos zarpan temprano, dejando en tierra a un hombre que ha desertado y pide por favor ser aceptado en el pueblo.
- ¿Así nomás, Misia?- pregunta Petrona muy seria.
- Victoria. - la corrige después de hacer el gesto de buscar a alguien entre los enseres que vende en su mayoría por cuenta del Gobernador. - El hombre desertó con lo puesto y menos aún, estaba muerto de frío. Parece que en ese barco no son tan amigables como la Hope que no quieren irse más de aquí.
- Vea, Misia Victoria - se ufana la destinada. - ¿Así que ahora somos un puerto deseado, concurrido, y no nos quieren dejar? Si en un año tenemos tres y hasta cuatro barcos a la vez, dentro de diez me imagino lo que será esto.
- Que te habrás casado y te dirán Misia Petrona.- vaticina la muchacha entre risas.
Con diversas excusas algunos alemanes que no estan a gusto ya han hecho su solicitud de regresar al Continente. Elisa Haynes tan deseada en matrimonio, subió al "María Antonia" sola, sin pretendientes o alguien que piense bien de ella, tan rebozada que ni se le veían los ojos, junto con su madre y su hermano parten definitivamente rumbo a Buenos Aires. .La partida provoca pesar en muchos, lo fácil que se rinden, dejar atrás sueños. La Señora no disimula su pesar, a la desvergonzada mozita parecía tenerle estima y pese a prefererir a los extranjeros para cosas de importancia, tuvo que llamar a una porteña sin temor al mar. Victoria también se vé nostálgica ese 29 de Octubre, con 48 hs. a bordo los pasajeros, por fin con viento favorable del Noroeste el bergantín "dá vela" rumbo al al Continente. Disparó dos recios cañonazos mientras iba ganando buena velocidad, desde tierra saludaron sombrero al viento después de la salva de de rigor. Esta vez no brincaron los cañones, sinó emitieron un rugido que parecía provenir de las entrañas de la Tierra: aquí estoy, no me olvides, regresa, y el humo que parte en persecución del navío impregnandolo como inmaterial polizón y donde a popa la bandera azotada por el viento se estira como una mano. El gesto en que se rompió su rostro en ese momento no le fué desapercibido a la joven comerciante.
El año se desandó en más entradas de buques, algunos de los cuales celebraban tratos de compra de productos, y hasta contratados partían al Estrecho en su misión de contactar en buenos términos a los indios de la región para parlamentar con ellos, e invitarlos a la naciente Capital isleña, que cada tanto deja ver dos ó tres navios en el puerto. Se construyen más casas, mientras otra atípica Navidad con lluvia y viento se sucede nuevamente, sin campanas, letanías. Si algo era lo que se disfrutaba, era precisamene ese aire de extraña libertad, de no tener que rezar la oración, el Ángelus o el toque de Ánimas: cada cual le reza al Dios o Dioses que cree como quiere, y también la sensación extraña y mágica a la vez de vivir un tiempo sin tiempo, sin festividades obligatorias de guardar, un tiempo contínuo, circular, perfecto...
La alegría del casorio más que salvaran todos los naufragos en la chalupa, Marta no necesita saber inglés para comprender lo sucedido en las costas y de lo que han escapado, esas aguas heladas que se transforman en remolinos entre rocas afiladas como puñales, olas altas como los arboles de su Selva africana azotan sin piedad los barcos y el aullido del viento parece el lamento de los ahogados llamándolos a unirse a su cofradía.
Por cuatro días los africanos han trabajado en la nueva casa de ella y Gregorio (1) , haciendo más refacciones: espacio para el almacén, divisiones con madera, trabajos con piedra y arcilla. No pueden quejarse, si la casa del Gobernador es la más grande, la de su madrina es mediana y de tan buena factura como ésta, no hay dudas que dudará años, más que una vida. (2)
Con Marta, Isabel y Petrona se han reido de las mudas interrogaciones.
- ¡Caminarse una legua de ida y otra de vuelta la italiana para dejarla con la duda!- Isabel disfruta la idea más que el té, en la nueva casa.
- La verdad, no sé que esperaba que le dijera. ¿Que confesara algún secreto?- la joven señora se sienta sobre una pila de enseres a su antojo, y guiña un ojo. -¿Algo vergonzante?
- Algo que no le dijeras ni a tu madre.- aporta Petrona. - Puedo contarte algunas cosas mías por si vuelve pronto, así no se vá solo con el azúcar y unas telas.
- No será necesario. Estará muy entretenida pues Emilio tiene que ir a realizarle algunos trabajos con su gente, y quizás Don Luis también vaya. Y si los barcos van a cargar pescado, hasta barcos propios y gente de sobra para charlar no le van a faltar. Tendrá algo para contarnos ella. (3)
También hay trabajo de sobra en la chalupa descargada para repararla, hacerla mas fuerte, colocarle velas... y cada vez que ve un barco o sabe de estos siente resquemor, pese a la protección que los dioses y entidades han asegurado por un período largo. Trabajo sobra: también los africanos construyen toda una hilera de 'ranchos' como llaman a las casas de tepes detrás de las casas de piedra que deberá servir de alojamiento a los naúfragos, al menos de momento.(B)
También le agrada que todos se sorprendan ahora ante su madrina, que sigue siendo la misma joven sencilla, dispuesta más al canto que a la queja, y que tras su aspecto joven y femenino oculta como muchas un temple de león, pero con casa propia y comercio, sea vista de forma distinta. No ha cambiado ella, sinó la mirada de los demás; dónde antes veian a la 'ama' o el personal de servicio de la casa del Gobernador, ahora tienen a una pequeña comerciante. La primera comerciante de las Islas, y algo que agrada mucho a los gauchos e indios, la primera en tener algo nacida en el país: el tambo y fabrica de manteca estará a cargo de los alemanes, el saladero de peces de los italianos, el capataz de los blancos o gauchos es francés, pero la almacenera es porteña.
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| Puerto Luis, dibujado por el Gobernador Luis Vernet. |
Disfrutar del baile -pese al clima tempestuoso con vientos en todas direcciones que ha hecho un dia de perros de ese 8 de Agosto- como invitada, ocasión de fiesta general, pues hasta los africanos tienen su baile también, que caliente el alma hasta el próximo candombe o jolgorio.
La incredulidad con que miró al cascarón de la chalupa salvadora (4), reforzada y reacondicionada, con mástil, vela y jarcia, se hace a la vela para Montevideo llevando la producción local para ese puerto, y tres días después -no entiende el temor de Marta por los barcos ahora- cuando una goleta del Norte, la Hope, entra al puerto, y por la noche se anuncia a las trasnochadas el María Antonia ya de regreso del Sur. Isabel y Petrona la felicitan por sus palabras: Doña Mariquita tiene barco propio en su establecimiento pescadero, pues la goleta, han firmado una contrata para llevar pescado y carne salada, cueros a Bahía en el Brasil, un lugar que Antonio conoce y que le gustaría ir como hombre libre. Como para irse preparando, los africanos se están convirtiendo quizás no en expertos capitanes, pero si en expertos tripulantes de botes y balleneras hasta Long Island en expediciones de recolección de huevos, turba, ver como se crían los cerdos o gallinas; tareas que son un pretexto para darse el gusto de dominar el mar.
El festejo del 5 de septiembre será para recordar: baile y jolgorio formidables para todos, bailan africanos, blancos, extranjeros de las tripulaciones, con el aporte de partituras que han dejado estos como para hacer una fiesta memorable después del frío y el trabajo, de descargar navíos. El baile de los blancos transcurre con el piano, el aporte de algún violín de los naufragos de la goleta, los americanos de la Hope, los irlandeses de la Antonia, los alemanes y sus acordeones o al piano que dejan descansar a la Señora; Victoria que ha sacado a relucir su traje de bodas que brilla bajo los caireles, baila con Gregorio, y hasta con Emilio Vernet -ver para creer- el alemán parece tenerle alta estima pues le ha pedido permiso dos veces al marido para bailar con ella, y se le hace que los gringos de los capitanes se quedaron con ganas de pedirle una baile, pero ella entre danza y danza también canta, conversa con todos pero tiene ojos solo para su marido. Los africanos también bailan, disfrutan del jolgorio, de la protección prometida, y por un momento Martha se entrega a la dicha de bailar, de sentir, de estar junto a su Antonio, de una mínima certeza en su vida: Un tiempo de protección, de gracia, de saber que habrá un mañana igual o parecido a hoy, o quizás, tal vez mejor.
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| Ruinas de un puesto de estancia, Isla Soledad |
Sin embargo, mientras entre ventas, y los datos de los buques arribados, trapacerías de algún tripulante entre tazas de té,no será ella quien hable mal de su predecesora en la casa principal. Mientras el Gobernador y su esposa visitan el saladero de pescado - motivos comerciales- se ve que tan mal no lo hirieron a Pío porque ... ¡hombre! el 12 de Octubre se fugo al campo con Elisa -que dejó de pastorear las vacas para retozar un poco ella- dando el mal paso indisimulable por los días de ausencia y cuando volvieron ambos se negaron a casarse. Su familia esta vez no sale bien parada y los otros dos candidatos que pidieran su mano se alegran que no se la concedieran.
La reacción oficial es una proclama de las normas a seguir por parte de los pobladores de Puerto Luis, pero más acapara la atención que un tripulante de la Hope que parece estar como Pancho por su casa se halla robando una barrica de pólvora, los reclamos y devoluciones que solo pone paños fríos la llegada del María Antonia desde el infierno helado del Estrecho que entra saludando a cañonazo limpio. Más discretos, los yankees de la Colossus, una fragata de mal trato entre ellos mismos zarpan temprano, dejando en tierra a un hombre que ha desertado y pide por favor ser aceptado en el pueblo.
- ¿Así nomás, Misia?- pregunta Petrona muy seria.
- Victoria. - la corrige después de hacer el gesto de buscar a alguien entre los enseres que vende en su mayoría por cuenta del Gobernador. - El hombre desertó con lo puesto y menos aún, estaba muerto de frío. Parece que en ese barco no son tan amigables como la Hope que no quieren irse más de aquí.
- Vea, Misia Victoria - se ufana la destinada. - ¿Así que ahora somos un puerto deseado, concurrido, y no nos quieren dejar? Si en un año tenemos tres y hasta cuatro barcos a la vez, dentro de diez me imagino lo que será esto.
- Que te habrás casado y te dirán Misia Petrona.- vaticina la muchacha entre risas.
Con diversas excusas algunos alemanes que no estan a gusto ya han hecho su solicitud de regresar al Continente. Elisa Haynes tan deseada en matrimonio, subió al "María Antonia" sola, sin pretendientes o alguien que piense bien de ella, tan rebozada que ni se le veían los ojos, junto con su madre y su hermano parten definitivamente rumbo a Buenos Aires. .La partida provoca pesar en muchos, lo fácil que se rinden, dejar atrás sueños. La Señora no disimula su pesar, a la desvergonzada mozita parecía tenerle estima y pese a prefererir a los extranjeros para cosas de importancia, tuvo que llamar a una porteña sin temor al mar. Victoria también se vé nostálgica ese 29 de Octubre, con 48 hs. a bordo los pasajeros, por fin con viento favorable del Noroeste el bergantín "dá vela" rumbo al al Continente. Disparó dos recios cañonazos mientras iba ganando buena velocidad, desde tierra saludaron sombrero al viento después de la salva de de rigor. Esta vez no brincaron los cañones, sinó emitieron un rugido que parecía provenir de las entrañas de la Tierra: aquí estoy, no me olvides, regresa, y el humo que parte en persecución del navío impregnandolo como inmaterial polizón y donde a popa la bandera azotada por el viento se estira como una mano. El gesto en que se rompió su rostro en ese momento no le fué desapercibido a la joven comerciante.
El año se desandó en más entradas de buques, algunos de los cuales celebraban tratos de compra de productos, y hasta contratados partían al Estrecho en su misión de contactar en buenos términos a los indios de la región para parlamentar con ellos, e invitarlos a la naciente Capital isleña, que cada tanto deja ver dos ó tres navios en el puerto. Se construyen más casas, mientras otra atípica Navidad con lluvia y viento se sucede nuevamente, sin campanas, letanías. Si algo era lo que se disfrutaba, era precisamene ese aire de extraña libertad, de no tener que rezar la oración, el Ángelus o el toque de Ánimas: cada cual le reza al Dios o Dioses que cree como quiere, y también la sensación extraña y mágica a la vez de vivir un tiempo sin tiempo, sin festividades obligatorias de guardar, un tiempo contínuo, circular, perfecto...
- Cada vez que vuelvo del campo con Emilio, no sé si entré a mi casa o estoy en la principal, mi paloma.- la halaga Gregorio. Es que lejos de la imaginería habitual en la ciudad, de pronto han brotado en las paredes pinturas de lejanas ciudades que ha intercambiado con marinos, las cortinas de lienzillo cada vez mas festoneadas, las paredes blanqueadas inmaculadas. El plato que se horneará en el horno que cuentan todas las casas ya lo había preparado, y hasta adobado Gregorio al uso de su Santiago y fué alabado por los comensales en la reunión de esa Nochebuena, que trajo de regalo de Navidad otro navío al puerto.
Los viajeros ingleses se sorprendieron del tour que
les hace la máxima autoridad, que les presenta su establecimiento, los
llevó a visitar un almacén y de paso a una de las vecinas a la que presenta muy especialmente, y puede entender el mudo asombro de los ingleses ante una almacenera, que mal pronunciado es
cierto, los saluda en su idioma. Mal que bien, algo ha aprendido, palabras similares en ambos idiomas que llevaron a otras y mínimas frases, un saludo. Los extranjeros miran todo como si nunca hubieran visto
un almacén de ramos generales -como ni nunca hubieran caído tan bajo se dice- el techo que debieran rehacer despues de una ventolera monumental por ejemplo y promete que esa noche asistirá al
baile. Si esperaban encontrar un desierto, una guarida de bucaneros pasados de moda,
o toscos pescadores, se quedan con la boca abierta al ver el poblado, que en la noche en medio del Océano, al
final de una larga bahía concurren todos los vecinos engalanados, ven
llegar a la joven del almacén con su marido con un ¿pasado de moda? vestido de seda. La esposa del gobernador
les causa impresión por española, aunque debería decir oriental, tan
acostumbrada al lugar, con los libros, sus cartas, sus
relatos, la música que toca y canta, y hasta llama a la comerciante
para cantar , el baile que surge espontáneo en el salón entre las
parejas, e invitan a Isabel y a Petrona, damas solas.
Como la estela que dejan los navíos, inscriben su huella en la historia, y cada amanecer trae un nuevo desafío y también la amenaza de las negras nubes de tormenta que solo ven los africanos.
Como la estela que dejan los navíos, inscriben su huella en la historia, y cada amanecer trae un nuevo desafío y también la amenaza de las negras nubes de tormenta que solo ven los africanos.
Notas:
(1) 9, 10 y 11 de Junio, 17 de Junio.
(2) Las ruinas de la casa de Victoria Enriques y Gregorio Sanchez, aún permanecen parte en pié en Puerto Luis. Incluso se confundieron en su momento con la iglesia española, la cual no era de piedra sinó de tepes o ladrillos de turba.
(3) Una legua al Norte de Puerto Luis, los mercantes iban a cargar el pescado salado directamente el establecimiento, trasladandose hasta las autoridades al lugar.
(4) 26 de Agosto de 1830.
El período de esta parte abarca desde el 30 de mayo de 1830 hasta el verano de 1831. El período garantizado a los africanos, durará un poco más.
(B) Fuentes principales ya citadas.












